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Y a ti, ¿ya se te cayó el vítreo?

3 Noviembre, 2008 por Epi
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Puntual y como regalo de cumpleaños empecé a ver líneas y manchitas flotando en mi ojo izquierdo. Esto vino acompañado de destellos moviéndose en el mismo ojo.  ¡El vítreo se me había desprendido!

Con la edad se nos puede caer el pelo, el trasero, los senos y …. ¡el vítreo! ¿Qué te parece? El ejercicio ayuda a que las otras cosas no se te caigan tanto, pero nada ayuda a que no se te caiga el vítreo. Arghhh, no es justo pero es así.

Esta situación parece terrible y la primera vez que sucede causa bastante preocupación. Lo primero que debes hacer es visitar a un retinólogo para que examine tus ojos y verifique que todo está bien con tu retina. A veces cuando el vítreo se desprende, se hace un rotito en la retina y te lo tienen que reparar con cirugía.  La mayoría de las veces no pasa de ser el molesto vítreo que con la edad se encoge un poco.  La buena noticia es que con el tiempo dejas de ver los molestos flotadores y los destellos. A mi se me había desprendido el vítreo en el ojo derecho y cuando me sucedió en el ojo izquierdo ya estaba avisada. Sabía que tenía que ver al Retinólogo lo más pronto posible. Por suerte, no se me desprendió la retina en ninguno de los dos ojos.

No puedes evitar que se te desprenda el vítreo pero es importante que te informes acerca de los síntomas del desprendimiento y desgarre de retina para prevenir la ceguera.

Medline en español tiene un tutorial donde puedes aprender más sobre esto.

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Me sucedió ayer- una abuela despistada

1 Noviembre, 2008 por Epi
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Ayer temprano fui con mi esposo a comprar pan fresco. Como no había espacio para estacionar, mi esposo se quedó en el auto mientras yo compraba el pan. Adentro de la tienda me encontré que otras 17 personas tuvieron la misma idea y tuve que esperar mi turno pacientemente. No me importó, pues el pan recién hecho y calientito con una taza de café es mi desayuno favorito.

Salí feliz abrazando el pan que tenía un olor irresistible, pensaba en el desayuno tan delicioso que me esperaba. Caminé de prisa hacia el auto de mi esposo que estaba encendido y con el aire acondicionado prendido. Abrí la puerta con fuerza y me extraño que se abriera tan rápidamente. Metí la pierna izquierda primero y me dí cuenta de que el asiento no era del mismo color. Miré a la persona que estaba en el asiento del conductor pero ¡NO ERA MI ESPOSO! Tenía el pelo canoso y era mas o menos de su edad. El hombre me miraba sorprendido y callado.  Yo simplemente bajé la pierna que todavía estaba dentro del carro y le dije “Oops aquí no es” y cerré la puerta riéndome. Di media vuelta y vi a mi esposo que se había estacionado en otro lugar y no se había dado cuenta de lo que había pasado. Mientras caminaba hacia él oía las carcajadas del otro hombre. Me imaginé que su esposa estaría comprando pan y que quizás le habría sorprendido verme abriendo la puerta del auto de su esposo. Pero no me quise quedar allí para comprobarlo.

Estaba mortificada por lo que me pasó, pero no paraba de reirme al recordar la cara de sorpresa del otro hombre. ¿qué habrá pensado su esposa? ¿Qué explicación le daría él? Me reconocerán si me ven nuevamente?  Hmmm….quizás no vuelva a esa panadería por un tiempo…. quizás así se les olvide mi cara….

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Refugio mágico o tal vez mi primera tormenta

19 Octubre, 2008 por Epi
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La pasada semana anunciaron que un huracán afectaría Puerto Rico. El huracán Omar se movía borracho en el Caribe y las predicciones cambiaban de un boletín a otro. El miércoles 15 de octubre, estábamos listos, esperando que este sistema tan loco perdiera el camino y se desapareciera en el Atlántico sin causar mucho daño.

Mientras esperaba por Omar, pensaba en mi primera tormenta, Santa Clara. En ese tiempo, las tormentas en mi isla tenían el nombre del santo del día. No eran Betsy, Hanna ó Ike. Santa Clara llegaría en la noche y todos se preparaban. Al lado de mi casa pasaba una quebrada y era posible que se inundara toda el área. Así fue cómo terminamos refugiados en la casa de mis abuelos.

Llegamos al atardecer y encontramos que otros tíos y primos también iban a pasar allí la emergencia.  Era un ambiente mas bien festivo con aroma a todos los condimentos criollos que se cocían lentamente en el caldero para lo que al final sería un riquísimo asopao de pollo. A mis hermanos y primos los fue rindiendo el cansancio y se iban acostando de manera horizontal en la cama asignada para los niños: la cama de mis abuelos.  Una cama altísima de pilares, donde parecían caber todos los niños del mundo.  Yo, que era la mayor, no me quería perder ningún detalle.  Miraba por una ventanita que permanecía abierta.  No se veía nada muy terrible afuera.  La lluvia caía con fuerza y el viento parecía que quería doblar algunos árbolitos y batía sus ramas.  En mi puesto, vigilante, estaba seca y calientita.  Tomando chocolate caliente esperaba ver qué cosa era esa Santa Clara que nos había reunido allí ese día.  Los adultos conversaban tranquilos y yo sin querer me fui quedando dormida.  Cuando desperté estaba en la cama con los otros niños que dormían sin enterarse de nada.  Regresé inmediatamente a la sala y me encontré con unos adultos preocupados que, alumbrados por velas, no paraban de recoger y exprimir toallas con las que secaban el piso.  Todas las ventanas cerradas, el viento y la lluvia trataban de abrirlas.  Tuve que regresar a la cama y pronto me volví a quedar dormida en ese lugar seguro, seco, calientito: un refugio mágico.

Me hice mayor, me casé, tuve hijos y siempre que visitaba a mi abuela sentía la misma magia de su refugio.  Ahora que soy abuela quisiera que mis nietos sintieran aunque sea un poquito de esa misma magia cuando me visiten.

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