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Refugio mágico o tal vez mi primera tormenta

19 Octubre, 2008 por Epi

La pasada semana anunciaron que un huracán afectaría Puerto Rico. El huracán Omar se movía borracho en el Caribe y las predicciones cambiaban de un boletín a otro. El miércoles 15 de octubre, estábamos listos, esperando que este sistema tan loco perdiera el camino y se desapareciera en el Atlántico sin causar mucho daño.

Mientras esperaba por Omar, pensaba en mi primera tormenta, Santa Clara. En ese tiempo, las tormentas en mi isla tenían el nombre del santo del día. No eran Betsy, Hanna ó Ike. Santa Clara llegaría en la noche y todos se preparaban. Al lado de mi casa pasaba una quebrada y era posible que se inundara toda el área. Así fue cómo terminamos refugiados en la casa de mis abuelos.

Llegamos al atardecer y encontramos que otros tíos y primos también iban a pasar allí la emergencia.  Era un ambiente mas bien festivo con aroma a todos los condimentos criollos que se cocían lentamente en el caldero para lo que al final sería un riquísimo asopao de pollo. A mis hermanos y primos los fue rindiendo el cansancio y se iban acostando de manera horizontal en la cama asignada para los niños: la cama de mis abuelos.  Una cama altísima de pilares, donde parecían caber todos los niños del mundo.  Yo, que era la mayor, no me quería perder ningún detalle.  Miraba por una ventanita que permanecía abierta.  No se veía nada muy terrible afuera.  La lluvia caía con fuerza y el viento parecía que quería doblar algunos árbolitos y batía sus ramas.  En mi puesto, vigilante, estaba seca y calientita.  Tomando chocolate caliente esperaba ver qué cosa era esa Santa Clara que nos había reunido allí ese día.  Los adultos conversaban tranquilos y yo sin querer me fui quedando dormida.  Cuando desperté estaba en la cama con los otros niños que dormían sin enterarse de nada.  Regresé inmediatamente a la sala y me encontré con unos adultos preocupados que, alumbrados por velas, no paraban de recoger y exprimir toallas con las que secaban el piso.  Todas las ventanas cerradas, el viento y la lluvia trataban de abrirlas.  Tuve que regresar a la cama y pronto me volví a quedar dormida en ese lugar seguro, seco, calientito: un refugio mágico.

Me hice mayor, me casé, tuve hijos y siempre que visitaba a mi abuela sentía la misma magia de su refugio.  Ahora que soy abuela quisiera que mis nietos sintieran aunque sea un poquito de esa misma magia cuando me visiten.

Tags: 5 Comentarios

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5 respuestas hasta ahora ↓

  • 1 carmen Oct 19, 2008 at 17:55

    Querida Epi:
    Me encanto tu nota. Tengo muchos recuerdos de èse nuestro primer huracàn.
    Cariños tu hermana Carmencita

  • 2 Margarita Oct 19, 2008 at 21:37

    Epi:
    La magia de los sentidos nos trae tantas añoranzas… Esta reflexión me recuerda, no solo a mis abuelos, sino a los abuelos y abuelas de mis hijos/as, y lo importantes que son en la formación de ellos. Quiero que recuerden los rostros, las caricias y los aromas de sus abuelas y sus casas; el cariño y la ternura de sus abuelos. Y, sobre todo, que pase lo que pase, huracán o tormenta, la casa de los abuelos es también la de ellos. Allí se aprende más educación que en la mejor escuela.

    Gracias por esto…
    Mapi

  • 3 ecolon Oct 19, 2008 at 22:32

    Me encanta la palabra abuelo y lo que me hace sentir. Son la conexión con el pasado individual y colectivo. Es la certeza de que el mundo no empezó cuando nacimos.
    Debemos aprender, como dice María Mies (http://en.wikipedia.org/wiki/Maria_Mies): “…los niños necesitan estar con los abuelos y los abuelos necesitan la juventud de los niños. Los infantes necesitan una falda donde puedan brincar cuando ellos quieran hacerlo. Esta es la manera en que las generaciones deberían estar juntas”.
    Y, bueno, hilándose así, todo tiene más sentido.

  • 4 hadyamaria Oct 22, 2008 at 8:46

    Gracias Epi,
    Cada abuelo sabe y tiene la única fórmula que funciona con sus nietos.
    Mi abuela siempre nos escuchaba y se gozaba las cosillas que hablabamos sentados en la cocina mientras nos preparaba un refrescante e inigualable Kool-Aid de uva al cuál le añadía jugo de limón fresco, receta acertiva para terminar con la sed que nos daba luego de las carreras y aventuras en el manantial de su casa en el campo del lejano Cupey.
    Su mera precencia nos llenaba de una sensación de seguridad. Defensora sabia de sus nietos, que lograba obtener lo mejor de nosotros, mientras sutílmente le enseñaba a sus hijos a ser mejores padres. La extraño tanto…
    En cuanto a mis padres, la situación es diferente. Mi madre por su trabajo esta un poco más distante físicamente, pero siempre alerta y dispuesta. Mi padre, por las circunstancias de la vida le tocó estar más cerca de la “abuerlidad” y le agradezco a Dios tanto por ello. Su amor y dedicación a todos sus hijos y nietos es merecedor de un Premio Nobel.
    Y ahora ha llegado a mi el turno de ser abuela y sé que podré hacerlo bien, porque tuve una gran escuela.

  • 5 palmy Nov 13, 2008 at 10:51

    QUERIDISIMA EPI:

    QUE BUENO QUE FINALMENTE TE ANIMASTE A EMPEZAR ESTE BELLO PROYECTO. SIEMPRE DISFRUTO TANTO DE TU NOTA HUMORISTICA AUN EN EL PERO DE LOS CASOS Y ADMIRO COMO CONTACTAS CON FACILIDAD LA NIÑA EN TI.
    TE FELICITO Y LE DOY GRACIAS A DIOS POR UNA “HERMANA”COMO TU.

    SIEMPRE. PALMY