Los
nietos son las flores que Dios nos regala para embellecer el jardín de
nuestra edad dorada. Este especial
jardín hay que
cultivarlo
con mucho amor y cuidado, con
mano firme pero delicada para que produzca las flores más bellas y
duraderas.
Lo
regamos con las lágrimas
de nuestras penas y alegrías; lo abonamos con nuestras palabras, consejos y
actos de cariño para que crezcan y se desarrollen fuertes y lozanas.
Desyerbamos
su camino eliminando las malas yerbas y alimañas que les puedan hacer daño,
para que puedan seguirlo sin lastimarse y alcanzar sus metas.
Les
brindamos el calor de nuestro amor y el refugio de nuestro seno familiar
para que, como con el bello y cálido sol de nuestra isla, crezcan felices y
florezcan siempre en nuestro jardín, llenándonos de gozo a nosotros y todos
los que los rodean.
Los
nietos son una de las bendiciones de Dios. Démosle gracias por ellos y
ayudemos a cuidarlos y formarlos para que en el futuro sean hombres y
mujeres de provecho, dignos y respetuosos y capaces de compartir sus vidas
con amor.
Así
nuestro jardín siempre tendrá las flores más bellas.